E(x)perando.

preguntas

¿Qué pasa con las expectativas que otros han puesto en ti? ¿Y con las que tú pones en los demás? Os hemos hablado hace poco sobre las expectativas que te generas ante una situación nueva. Qué distinto es lo que se espera de ti  y qué distinto lo que esperas tú de los demás. Y qué distinto también, lo que tú crees que esperan de ti como lo que los demás creen de tus expectativas sobre ellos. ¡Menudo trabalenguas!

¿Cuántas veces no te has sorprendido recriminando a los demás por algo que no hacen como tú esperas? Pues casi tantas como tú te has sorprendido por algo que no haces de la manera que esperan de ti, y con su consiguiente recriminación.

Como películas nos montamos todos a la mínima de cambio, para evitar situaciones conflictivas producidas por esa falta de concordancia entre tus y mis expectativas, vamos a recordar cómo cuatro términos, de los que ya hemos hablado a lo largo de este blog, nos van a echar una mano.

  • Mapa mental.
  • Zona de Confort.
  • Escucha activa.
  • Lenguaje no verbal.

El mapa mental. Sin preguntas no hay respuestas. Algo tan lógico se nos escapa ante situaciones  y optamos por prejuzgar y avanzar sobre nuestra hipótesis como única verdad. La solución pasa por dejar atrás esa idea preconcebida, aplicar un poquito de empatía y en lugar de esperar algo en concreto, cerrándote así  el abanico de posibles respuestas que pueden ser  a cada cual más loca, más acertada y seguro que más diferente a la tuya.

La zona de confort, con lo bien que se está en casa, con todo a mano y en familia. Un calor de hogar que a veces amodorra y no deja ver más allá. Saliendo por el umbral de tu zona de confort, puedes notar (sólo al principio) un poco de inseguridad. Pero conociendo  nuevas ideas, teorías culturas… te enriqueces y haciéndolas. Enhorabuna, acabas de ampliar tu zona de confort. No dejes cocerte por el amodorramiento y enriquécete saliendo fuera. Sí, el anuncio tenía razón. ¿cueces o enriqueces? En ti está.

La  escucha activa imprescindible haber cumplido los dos pasos anteriores, abrirse de orejas y escuchar más allá de las palabras. Es casi como recibir un masaje, tienes que estar en modo relax total. Pues para recibir un mensaje, hay que estar abierto a ese mensaje total.  Y decimos al mensaje que es y no al que quieres escuchar.  Utiliza tu oído selectivo no sólo para lo que quieres oír. Volvemos a enriquecernos con lo que podemos aprender escuchando, ampliando nuestra zona de confort, dejando de lado nuestro mapa mental.

El lenguaje no verbal, no sólo se habla con las palabras. Numerosos estudios sitúan en un tanto por ciento elevado el mensaje que es expresado mediante la comunicación no verbal.  No sólo gestos, también posturas, movimientos de los ojos…. Un mensaje, como mínimo, es cosa de dos.  Esta comunicación no verbal también aparece en el receptor del mensaje. Y aquí entran en juego las expectativas. Qué está pensando, piensa el que emite el mensaje, qué me está queriendo decir, la parte que recibe ese mensaje.

No se trata de criminalizar las expectativas, no hay que dejar de tenerlas. Sólo hay que dirigirlas de la manera adecuada, y darles su justa medida.

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