Expectativas.

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Esperar a que las cosas ocurran por que sí…. Mal asunto. Dejarlo todo en manos del azar no sólo es arriesgado. Digamos que también es un poco, siendo de lo más políticamente correctos, infantil.

Puedes tener esperanza en ese segundo en el que todo cambia. Ese golpe de suerte que hace que tu vida se ponga patas arriba. Y te toque reordenar y reorganizar. Con gusto, pero trabajando casi a destajo para encarar ese cambio. Ya sabes que “sarna con gusto no pica…” Otras veces es porque no hay otra posible escapatoria. La inacción no vale. Tienes que aprender a dar nuevas respuestas a lo que te viene del exterior. Te guste o no.

¿Cómo puedes afrontar ese elemento nuevo en tu vida, ese cambio? Pues sobre todo utilizando un arma que tenemos, un básico de nuestro armario. Algo que llevamos en los genes por una sencilla razón y gracias a lo que hemos conseguido perpetuarnos como especie. Hablamos de:  la adaptación.

Te suena lo de adaptarse o morir, ¿verdad?  Cuando se avecinan cambios, o cuando los cambios están ya instalados en tu rutina, tienes que tirar de tu sistema adaptativo. Generar nuevas expectativas, modificar las que ya tienes, desechar las que no se adapten.  Parece paradójico, pero la estabilidad que buscas en tu interior, en tu día a día, proviene del caos que tienes fuera, de esas situaciones adversas que de momento no entiendes.

Para empezar a recoger todo lo que antes estaba en su sitio  y que ahora tienes todo tirado por el suelo, igual que si te hubieran entrado a robar en casa y en lugar de robar se dedican a revolverlo todo por el simple gusto de desorganizar,  para empezar a desempolvar esa adaptación que tanto nos sirve en nuestro día a día y que tan poco caso hacemos, ¿qué puedes hacer?

Puedes empezar a utilizar la información que te llega de fuera. Enseña a tu interior a cómo ha de comportarse, a habituarse al cambio. Es cuestión de que recuerdes  qué hacer con esa información que te llega, a interpretarla, y a reconocer información parecida para que no te desestabilice si aparece de nuevo. Algo parecido a una homeostasis, manteniendo un equilibrio entre tus respuestas y los estímulos que te llegan de fuera.

Flexible para ser estable. Nada de rigidez que tire por tierra  tus nuevas conductas. Puede venirte a la cabeza la imagen de un puente en medio de un terremoto balanceándose arriba y abajo, pero sin romperse. Pues más o menos así.

Y, bueno, no dejes de pensar que “Todos los caminos llevan a Roma”. Aunque varíen determinadas condiciones de tu entorno, tus objetivos deben ser igualmente logrados. Variedad de estímulos, de diferentes métodos de trabajo, de creatividad en las actividades, siempre en función de los objetivos a lograr.

Piensa que sólo los y las más fuertes sobreviven.

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