Y si…

 

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Corre, corre, corre ¡¡que no llegas al trabajo, que pierdes el bus!! De un salto te subes, te buscas por tu cuerpo a ver si llevas todo. Llaves, móvil, dinero…  te vas  haciendo un hueco entre la gente para no molestar y quedarte ahí, en un espacio que has encontrado. Sin moverte. Casi como una pieza del Tetris. Un puzle que hay que recomponer en cuanto una ficha o varias bajan y se sustituyen por nuevas que suben.

Cuando por fin llegas a tu destino, te sientes como un punto de interés periodístico. Se abalanzan hacia ti con preguntas, con papeles, pidiéndote explicaciones y sientes como te vibra el móvil. Si tú puedes con todo ¿Por qué no con una consulta más?

Miras el correo y sientes no tener una pantalla tamaño xxl para que quepan todos tus nuevos mensajes  ¡menudo lío tienes! Y eso que tienes aplicado filtros pero aun así… vaya lío Y encima de reojo ves una luz roja parpadeante llamando tu atención. Es tu teléfono de sobremesa que tiene mensajes para ti, no va a ser menos.

Otra luz roja, esta vez, se enciende en tu cabeza. Café!! Café!! Café!! Y te levantas a por un café, con toda tu ingenuidad. En el camino te encuentras a alguien que te habla de no sabes muy bien quién, alguien que cumple años o que cambia de departamento o que se jubila y hay que apoquinar dinero para su regalo-recuerdo-qué-bueno-fue-trabajar-contigo. Además, como  puedes, pues a traer algo para el viernes que haréis un brunch  durante un brake. Todo muy cool, sí, pero una tarea más en tu agenda,  que tú puedes con todo.

Cuando consigues recoger el café te vuelves a la mesa con cara de para qué me habré movido, si siempre me han dicho que si te mueves no sales en la foto… Total, que te vuelves con más trabajo del que tenías al levantarte.  Y tu teléfono personal te espera con su luz roja parpadeándote desde que llegaste. Si tuviera brazos, estaría en jarras esperando a que le hicieras caso.

Más que sentarte te derrumbas en la silla con el café en la mano haciendo equilibrios para que no se esparrame por encima de ti, o peor, por encima de tu mesa y todos los papeles que también esperan el turno de tu atención.

Quisieras multiplicarte,  tener dos cabezas, cuatro brazos, tres lenguas… pero no. Así, a grosso modo, tienes un cuerpo que consta con una cabeza, una lengua…

¿Y si tuviera más tiempo?, piensas. Un día de 28 ó 30 horas. Pero el tiempo es el que es y tú eres el que eres. No hay posibilidad de multiplicarte ni de hacer que vaya todo más lento para que tú vayas más rápido. Lo que sí se puede hacer es aprender a gestionar mejor tu tiempo.

Es cuestión de encontrar un orden, tu orden. Como cuando haces una maleta y termina por entrar todo en ella. Por ejemplo:

  • Recopila información sobre tus tareas y el tiempo que inviertes en ellas.
  • Clasifica lo urgente, lo importante, lo trivial. Prioriza en una palabra.
  • Establece por tanto un calendario de acción. Como consejo usa Excel o similar.
  • Empieza ya a ejecutar tareas, que el movimiento se demuestra andando.
  • Identifica y elimina tus “ladrones de tiempo” como el WhatsApp, el email o incluso reuniones improcedentes.

¿Crees que es fácil aplicarlas?

Para saber más sobre la gestión del tiempo o aprender técnicas puedes contactar con nosotros a través de nuestro correo: clientes@cgenerate.com

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