Sin compromiso no hay paraíso.

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Una de dos. O pierdes o ganas. Tienes un cincuenta por ciento. En muchas ocasiones, tantas como en el cincuenta por ciento de las ocasiones, las cosas no salen bien. Fracasamos estrepitosamente. Sólo nos falta una banda sonora que acompañe nuestra derrota.  A veces porque sí, otras porque por mucho que nos esforcemos esa pequeña parte de suerte no nos acompaña. Otras porque la pereza está al mando y abandonamos a la voz de ya como se huye a la carrera de un peligro.

Y en esos casos en los que vives tu derrota te viene a la cabeza eso del coaching. Como si vieras un tablón en medio del mar (que a veces es así pero no es el caso) y llegas nadando y el tablón se aleja y tu nada que te nada y el tablón a su aire, alejándose de ti. Un espejismo en medio del mar.

Y es que el coaching no es para todo ni es para todos. El coaching, no enseña, ni cura. No te trata trastornos, ni patologías. No es psicología, ni psiquiatría. Tampoco es red para que no te des de bruces contra el suelo, ni un lugar seguro al que acudir cuando vienen a por ti.

La técnica funciona pero hay que saber cómo interpretarla, cómo utilizarla… por supuesto que tienes que dejar de lado esa fuerza de voluntad que se derriba con un solo soplido, como la casa del cerdito del cuento. Por no hablar de la falta de compromiso, el no tomártelo en serio o no seguir las instrucciones al pie de la letra, aunque no las entiendas. Aquí está el meollo. Falta de compromiso.

Y coach tampoco es tu padre o tu madre, ni tu mentor, profesora….no. Tampoco es tu terapeuta. No te líes. Olvida lo que ves en televisión, ni tenemos recetas mágicas, ni somos iluminados, iluminadas… ¡qué pereza!, ¿no crees?

Coach es un profesional, que trabajará contigo y para ti, para que tú puedas alcanzar aquello que sí depende de ti y que sí elijas consciente y coherentemente. Es una profesional que conoce la teoría, las herramientas, las técnicas. Alguien que te hará preguntas incómodas, abiertas, preguntas que te caen como una jarra de agua fría. Esas preguntas que no te quieres hacer ni tú. Tu coach te mostrará aquello que no quieres ver y te dirá lo que no quieres oír para que alcances lo que quieres y puedes alcanzar. Y también lo que verás como no alcanzas porque o no es tu verdadero objetivo, o no es el momento de conseguirlo, o simple y llanamente porque vas a fracasar. Ahí está el primer paso del compromiso. Aceptar lo que no quieres ver, oír, aceptar.

No hay que tener miedo, que ya somos mayores, a la palabra fracaso. Puede venir generado de tantas causas como ir reduciéndose éstas a una sola. Tú. Que te aplicas por tu cuenta herramientas o técnicas de coaching, que eliges la menos adecuada. Es, si se permite el símil, una automedicación en este mundo del coaching. Con el peligro que lleva una automedicación.

Sólo tienes que comprometerte contigo, con tu éxito o con tu fracaso, pero hazlo. Si no, ni coaching, ni coachs, ni tú, ni nada.

Quédate con esta reflexión: “Un perdedor es un ganador que abandona antes de tiempo”

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