El bhúo.

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Hoy os traemos esta fábula. Para un momento de reflexión.

En lo más intrincado de la selva existió en tiempos lejanos un
búho que empezó a preocuparse por los demás. En consecuencia se dio

a meditar sobre las evidentes maldades  que hacía el león con su poder; sobre la debilidad de la hormiga, que era aplastada todos los días, tal vez cuanto más ocupada se hallaba; sobre la risa de la hiena, que nunca venía al caso; sobre la paloma, que
se queja del aire que la sostiene en su vuelo; sobre la araña que atrapa a la mosca y sobre la mosca que con toda su inteligencia se deja atrapar por la araña, y en fin, sobre todos los defectos que hacían desgraciada a la humanidad, y se puso a pensar en la manera de remediarlos.

Pronto adquirió la costumbre de desvelarse y de salir a la calle a
observar cómo se conducía la gente, y se fue llenando de conocimientos
científicos y psicológicos que poco a poco iba ordenando en su
pensamiento y en una pequeña libreta. De modo que algunos años después se le desarrolló una gran facilidad para clasificar, y sabía a ciencia cierta cuándo el León iba a rugir y cuándo la Hiena se iba a reír, y lo que iba a hacer el Ratón del
campo cuando visitara al de la ciudad, y lo que haría el Perro que traía una tarta en la boca cuando viera reflejado en el agua el rostro de un perro que traía una tarta en la boca, y el cuervo cuando le decían qué bonito cantaba. Y así, concluía:
“Si el león no hiciera lo que hace sino lo que hace el caballo, y el
caballo no hiciera lo que hace sin lo que hace el león; y si la boa no
hiciera lo que hace sino lo que  el ternero y el ternero no hiciera
lo que hace sino lo que hace la boa, y así hasta el infinito, la humanidad
se salvaría, dado que todos vivirían en paz y la guerra volvería a
ser como en los tiempos en que no había guerra.”

Pero los otros animales no apreciaban los esfuerzos del búho, por
sabio que éste supusiera que lo suponían; antes bien pensaban que era
tonto, no se daban cuenta de la profundidad de su pensamiento y
seguían comiéndose unos a otros, menos el búho, que no era comido
por nadie ni se comía nunca a nadie.

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