Hábitos que sí hacen al monje.

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Sí. Los hay buenos, malos y peores. Desde algo como darte un atracón de comida basura, pasando por planear hacer más deporte desde tu sofá, sin moverte claro, o incluso trabajar sin parar, ni descansar ni desconectar… Los hábitos están ahí, en nuestras vidas, acompañándonos. Muchas veces sin que seamos conscientes de ello y otras, en las que sí lo somos, conscientes de querer eliminarlos. Sea como sea, la dificultad que radica en abandonar un hábito es general y se puede aplicar a todos ellos. La cosa es más sencilla de lo que crees.

Nuestro cerebro, que tenemos en funcionamiento siempre a pesar de que lo puedas dudar, está programado para sobrevivir y trasmitir sus genes a la siguiente generación. En ese lote de transmisión van los hábitos. Sexo, Comida y Descanso son los impulsos más básicos, más primarios, que generan hábitos que pueden terminar por perjudicarnos. Y cuantos más accesibles sean, el sexo la comida y el descanso, más susceptibles de perjudicarnos. Nos explicamos.

Se podría decir, casi afirmar, que nuestro cerebro está programado para que te abandones a todo lo que te proporciona placer casi de manera instantánea. Hedonismo puro a raudales y sin control, que está bien, claro que lo está. Te proporciona placer y a la vez te aleja de lo que te perjudica. Es puro instinto de supervivencia combinado con pura química cerebral en el que interviene la dopamina, un neurotransmisor presente en la coordinación motora, en la toma de decisiones, y además es el responsable de las sensaciones placenteras. Ahí es nada.

Este neurotransmisor que nos lleva a esa sensación placentera casi de manera instantánea, incluso con sólo pensarlo, también  casi de manera inmediata, nos hace sentir el deseo de conseguirlo. Y lo haces, claro.  Y con ello lo que haces es reforzar un circuito. Te acabas de crear un hábito.

Este placer, como os decimos, se trata de un placer fugaz. Y tiene una explicación mucho más sencilla de lo que parece. Los placeres básicos que nos ayudan a perpetuarnos y sobrevivir, los que conseguimos con el descanso, la comida o el sexo ( en su vertiente reproductiva ) han de ser fugaces para sentirnos obligados a comer de nuevo, a descansar de nuevo  y, así, a sentir de nuevo esa satisfacción.

Menos mal que tenemos a nuestro favor capacidades como la voluntad. Como sabes no todos los hábitos son beneficiosos. Podemos pensar en algo que nos cause placer inmediato pero perjuicio a medio o largo plazo. Si consigo no hacerlo, la huella de ese refuerzo comienza a debilitarse, se empieza a resquebrajar ese circuito Y al cabo de un tiempo, la anticipación de ese placer, ya no me causa placer.

Se trata de introducir un corte entre ese pensamiento que nos hace anticipar el placer y su consecución. Si consigues que cuando tengas ese pensamiento no se produzca la acción, ese vínculo se va debilitando. Y de ese modo rompemos el hábito. No es fácil romper un hábito. Pero como objetivo sí es alcanzable

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