Escalera de inferencias.

Apaga tu móvil, tu celular. Desconéctate. El no recibir una respuesta, también es una respuesta.  Quedarte mirando fijamente la pantalla no acortará el tiempo de respuesta.  Además, no sólo están tus mensajes. ¿Has calculado cuántos mensajes envías o recibes a lo largo de un día?  Así hablábamos en el anterior post sobre cómo afrontar una respuesta no tan rápida o adecuada como la esperada, incluso cuando esa respuesta es nuestra. Y os presentábamos la Escalera de inferencias.

 

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La inferencia es un  proceso lógico racional  con la que podemos completar la información implícita en un texto. Así creamos una  escalera de inferencias cuando nos falta algún tipo de información que acompañe a un texto. Fíjate en la imagen e imagina, o revive si te ha pasado, el proceso que recorre una situación cuando esperamos una contestación o un mensaje.

Al comunicarnos con los demás, a menudo se interponen nuestros filtros  a partir de   lo que decimos, interpretamos… y también con lo que escuchamos o leemos, poniendo  una determinada carga de intencionalidad. Una misma palabra puede tener connotaciones muy diferentes para cada persona, y una misma frase puede entenderse de diferentes maneras, casi siempre por  asociaciones que hacemos al que escuchar y en función de nuestras experiencias anteriores.

Con el tema de las tecnologías la cosa se complica aumentándose las posibles confusiones. El lenguaje escrito no tiene entonación y el espacio que le queda al lenguaje no-verbal para indicarnos esos matices brilla por su ausencia. Por esa razón, una frase dicha en un mail o siguiendo el ejemplo del post anterior, en un whatsapp, se puede entender en clave de humor, como algo neutro, como un ataque disfrazado e fina ironía. Algo fascinante si te paras a pensar para tan pocas palabras juntas.  El socorrido jiji o  los emoticonos, apoyan o te dan una pequeña  pincelada sobre  el contexto no verbal en el que se lanza, o en el que lanzas el mensaje. Facilita mucho la comunicación y la interpretación del mensaje lanzado, o recibido.

Así que la escalera va a estar condicionada por nuestro estado de ánimo de ese  momento o  con lo que  diferentes estados de ánimo que implicarán diferentes escaleras de inferencias. Muchos malos entendidos y  tantos problemas se generan a partir de  esta cadena de pasos equivocados.

Cuando nos paramos a analizar algo que nos  han dicho y conseguimos separar lo que realmente es de lo que hemos interpretado podemos obtener mucha información acerca de nosotros y de nuestras creencias. Ideas que tenemos interiorizadas sobre cómo son las cosas, los otros, nosotros mismos…

Lo primero que podemos hacer es detectar la diferencia entre los hechos y lo que interpretamos. Chris Argryris ideo la escalera de inferencia como un modelo para comprender este proceso haciéndose más fácil el comenzar a aplicar esa distinción en casos concretos del día a día.

El segundo paso es identificar la creencia que ha motivado la interpretación. Separar lo que ha sucedido de lo que hemos sentido, y comenzar a ejercitar mentalmente el hábito de mirarnos desde fuera como si de un amigo se tratase.

El tercer paso es cambiar la creencia por otra que nos ayude más. Puesto que las creencias no son hechos, sino que tienen más que ver con interpretaciones que hacemos de cómo vivir los hechos ante la falta de información que nos proporcionaría una certeza.

Por último, una vez que aprendemos de nuestras presunciones hechas, la clave para mejorar nuestra comunicación sería aprender a separar los hechos de nuestra interpretación, y desarrollar así una mayor presencia en nuestras conversaciones, comprendiendo el significado que el otro ha querido dar a una palabra, en lugar de lo que hayamos entendido. El objetivo es  facilitar una crítica constructiva cuando sea necesaria y podamos mantener conversaciones efectivas

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