Rígido.

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¿Cuántas veces no te ha pasado?

Tienes, y debes tener, tu forma de pensar. Vale. Pero a la vez de tener tu forma de pensar desarrollas una rigidez que condiciona tu manera de actuar y de sentir. Te pasa a ti, nos pasa a nosotros, le ocurre a todo el mundo. La rigidez mental supone aferrarnos a determinadas creencias, como os decimos, que pueden limitarnos, y aceptarse como verdades absolutas. ¡¡Peligro!! Estamos en un mundo nada estático. Ya lo decía hace más de  dos mil años Heráclito “Todo fluye, nada permanece”, con lo que resulta que una de las palabras de moda, lleva más de dos mil años erre que erre. ¡¡   FLOW   !!

Esta rigidez mental está caracterizada por una manera de pensar con la que creamos un fuerte amarre a ciertas creencias que giran principalmente sobre nosotros mismos.  A menudo pensamos formulando con esos “debería” o “tendría que…”. De este modo, nuestros pensamientos pueden ser del tipo: “debería ser mejor persona”, “tendría que haber hecho/actuado/llamado….”, incluso “para ser feliz debería…”, “mi pareja, mis amigos, mi familia, deberían…”. No queremos caer en el mal de mucho consuelo de tontos pero como os decimos, esto nos pasa a todos.

Como ahí fuera hay un montón de oportunidades, de posibilidades que te están esperando, ¿por qué te anclas en el  “esto es así” en el  “…debería de…”? ¿Por qué este sufrimiento y esta frustración a la que te pueden llevar la rigidez mental?  Está bien, incluso llega a ser necesario, tratar ser feliz de ser mejor persona.Pero cuando nos abandonamos a la rigidez  es cuando surge el problema.  Con ese famoso “debería de” y finalmente no es, cuando no se cumplen nuestras expectativas,  es cuando vamos de cabeza a un malestar emocional.

Esta rigidez  que te empuja, tal vez, a ponerte metas demasiado altas que de no alcanzarlas acabas sintiéndote mal sin darte siquiera la opción a una segunda, tercera… x intentona. También es esa misma rigidez  mental que te impide comprender o entender a otras personas. No te abres, no te pones en su lugar porque las otras personas “deberían…”… ¡¡ufff!!

Liberarse de la rigidez mental va a suponer siempre un beneficio, así que para ello hay que cambiar un par de cosillas.

Flexibilizar poco a poco el debería por un me gustaría, ya va siendo algo. Fíjate cómo cambia la frase “Debería hacer deporte” a “Me gustaría hacer deporte”. Se siguen manteniendo los objetivos, las mismas metas, pero de una manera más flexible. Por tanto el primer ejercicio es (ni debería, ni te gustaría) el primer ejercicio por el que empiezas es analizar tu manera de pensar e ir prestando atención a los “debería” para cambiarlos poco a poco por “me gustaría”. También te ayudará mucho abrirte bien de orejas y escuchar otros puntos de vista y viajar hacia ellos para echar un vistazo desde esa perspectiva. Un viaje que ha de ser necesariamente de ida y vuelta.

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