Cien veces uno. Diez veces diez. Cien.

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Cien veces que te caes y cien veces que te vuelves a levantar. ¿Quién te dice que esta vez no será en la que llegues a tu objetivo? Hasta ahora lo único seguro es que fallas el cien por cien de los intentos que no haces. No hagas por no hacer y haz.

Cien veces que te muerdes la lengua y no eres capaz de decir en el momento adecuado aquello que sientes, aquello que piensas. Siempre que haya pasado el filtro cabeza-boca, echa una buena respiración y suéltalo. Ya sabes que no te vas a envenenar por morderte la lengua, pero tampoco es plan de que lo estés comprobando a diario. Y además lo que no se dice se nos queda en la garganta y nos va oprimiendo poco a poco. Así que ¡hala! Tó pa’fuera, que más vale cien veces amarillo que una “colorao”.

Cien kilómetros por hora en tus zapatos para llegar a esas cien cosas. Si cien entre cien es igual a uno… parece fácil alcanzarlas todas, ¿no crees? Permítenos un momento Wikipedia y aplícate aquello de divide et impera… seguro que ya sabes que nos referimos a “divide y vencerás”.

Cien kilos de piedras en tu espalda, en esa maravillosa mochila que te cuelgas día a día. Con lo fácil que sería y dejando las piedras por el camino por si te da por echar la vista atrás y ver por dónde no vas a pasar más. O quizá, dejar dibujado el camino para los que vienen por detrás.

Cien cosas que deberías estar haciendo, y están por hacer, mientras estás haciendo una de las cien cosas que pensabas hace cien segundos o quizá cien minutos. Esas mismas cien cosas que están en tu cabeza, están en una sola cabeza. Una para todas y todas para una.

Y podríamos seguir así con cien párrafos más para celebrar nuestro post número cien. Pero somos conscientes de que, al fin y al cabo, “no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante”.

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