Con o sin.

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¡Cuántas veces nos habrá pasado!. Seguir consejos de otros, en lugar de tomar nuestras propias decisiones, nos parece una garantía de éxito. Pero, ¿cuántas veces entonces por no seguir nuestro instinto, nuestra espíritu emprendedor,  nuestra imaginación, nos hemos alejado de soluciones nuevas, diferentes, distintas…?

Os dejamos un mini relato. Leedlo.

En una cierta ciudad de Canadá, allí donde el frío no cesaba, se encontraban dos pequeños niños jugando sobre una laguna cristalizada. Era una tarde muy nublada y fría, pero ellos se divertían sin preocupaciones patinando sobre el agua congelada. Iban y venían haciendo círculos, saltando, riendo, disfrutando con gran alegría de ese momento maravilloso que les regalaba la naturaleza.

De pronto una parte del hielo se rompió y uno de los niños se hundió en el agua helada y quedó atrapado dentro de la gruesa capa de hielo que cubría toda la laguna. El otro pequeño observó que su amigo estaba ahogándose debajo del hielo, entonces corrió en busca de una piedra y con ella comenzó a golpear desesperadamente con todas sus energías, con toda su fuerza, hasta que logró romper el grueso hielo y así de esa manera pudo rescatar a su gran amigo.

Al rato llegaron los bomberos y al ver lo que había pasado, comenzaron a preguntarse entre ellos que cómo ese pequeño había podido romper semejante hielo.

“Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, comentaban.

Por allí cerca se encontraba un anciano que estaba escuchando todo lo que murmuraban los bomberos; él se acercó y les dijo:

-“Yo puedo decirles cómo lo hizo”

Los bomberos asombrados preguntaron… ¿Cómo?

Es muy simple, “no había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.

La mayoría de las veces somos nosotros mismos quienes debemos tomar las decisiones y sentirnos seguros de que todo se puede lograr. Jean Cocteau lo resume así. “Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”

 

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