¿Tristeza o Rabia? Tú eliges.

Del libro de “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay  

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas, cuentan que había una vez…

Un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos   los    colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la   tristeza  y la furia.                                                                                                                                                            

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La  furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aun salió del agua. Pero, la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó       su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente,   salió del estanque. En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad…está escondida la tristeza.

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Aristóteles dijo que era muy fácil enfadarse con los demás. Lo complicado es saber enfadarse con la persona adecuada, en el momento adecuado y, sobre todo, en el grado de enfado adecuado.

Así que por qué no dejas de esconderte detrás de tu furia. Llora en lugar de gritar ( si lo que quieres es llorar, claro). Exprésalo con tus palabras, las que nacen de ti y las que van a dar el mejor matiz de lo que estás sintiendo. Escritas mejor que habladas. Y, como siempre, de dentro hacia afuera. Expresando. Expresándote.

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Ahora,puedes  contactar ( o intentarlo ) mejor con tu rabia cuando estás triste, o con tu tristeza cuando estás enfadado,  y ver y entender  mejor a alguien triste bajo su habitual enfado, o una persona enfadada bajo su tristeza. Incluso si la persona que miras es tu reflejo en el espejo.

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