Escuchar para comprender. Y no sólo para responder.

¡Qué importante es sentirte escuchado!  y por tanto ¡qué importante es escuchar!

Escuchar activamente es imprescindible si queremos comprender el mensaje que nos lanza la persona con la que hablamos. Atención, concentración, el lenguaje no verbal, las ideas que subyacen en el mensaje…Muchas cosas. De ahí la importancia de no sólo saber escuchar, hay que hacerlo de manera activa. Seguro que recuerdas más de una ocasión en la que, después de haber conversado con alguien, de repente te llega como una ráfaga su mensaje y lo que de verdad te estaba expresando.  Escuchando activamente,  se demuestra una presencia. Un ¡hola, estoy aquí!, te estoy escuchando…. ¡¡ ESCUCHANDO!!

Tanto sentir cómo te escuchan como demostrar que lo estás haciendo, es básico en cualquier conversación  con la que pretendamos llegue a algún objetivo que nos hayamos marcado.

Es lógico que cuando nos sentimos escuchados, que no están prestando atención, proseguimos hablando. Y eso nos pasa a todo el mundo. Si realizamos preguntas no sólo interesantes sino preguntas que estén relacionadas con lo que nos están contando, con el mensaje que escuchamos, estamos demostrando que estamos prestando atención. Esas preguntas animan a que continúen contándonos.

Una buena pregunta ha de ser corta, comprensible, y claro, ha de estar relacionada  con el mensaje que estamos escuchando. Son, en definitiva, preguntas abiertas, ya sabes (y si no te lo decimos) son aquellas preguntas que empiezan por un qué, cómo, dónde, quién y por supuesto por qué. Funcionan como una llave “mágica” que abre a conocimientos digamos un poco ocultos, conocimientos que nos permiten avanzar.

Otro de los aspectos a tener en cuenta a la hora de escuchar, ya sabes de ES-CU-CHAR, es  el esfuerzo físico y psíquico  que conlleva el prestar una atención adecuada. Teniendo autocontrol sobre las propias emociones y concentrándonos en el mensaje. En definitiva autocontrol, atención y concentración..

Hemos estado escuchando atentamente. Nosotros lo sabemos. Pero es importante, por no decir que imprescindible, que de alguna manera hagamos saber que hemos estado con plena atención a su mensaje. Para eso tenemos el feed-back, o retroalimentación,  con lo que comunicamos una especie de resumen de lo que hemos escuchado e  interpretado correctamente. Es una forma de decir: “ oye, te he escuchado, te he prestado atención”. Así, se cierra esta escucha activa, revelando  que no sólo hemos captado e interpretado correctamente la intención del mensaje y además que lo hemos hecho desde su punto de vista.

Existen unos ejercicios prácticos y divertidos, que se pueden hacer en cualquier momento, con los que trabajar la escucha activa. Momentos tontos que perdemos en el transporte público, o momentos buscados cuando tenemos intención de ejercitar esta escucha porque se nos dan las circunstancias apropiadas.

Se trabajara la concentración, la atención, el autocontrol… y os podemos poner unos  ejemplos, sí.  Con un poquito de imaginación puedes trabajar con cualquier cosa que te rodea.

Por ejemplo…

Test de agudeza visual

Otro ejercicio que puedes hacer es escoger un libro, seleccionar dos párrafos y contar el número de s, por ejemplo. Así trabajas la atención y la concentración.

¿Has visto el vídeo con el que acompañamos el post de hoy?.  Tienes un montón a tu alcance en internet. Con ellos de forma práctica y divertida podrás ir trabajando en esta habilidad.  Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. Pues ahora hay que añadir también que el que no quiere escuchar.

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