Digo.

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Como dice el del anuncio… “Permítenos que insistamos”.

Te vas de vacaciones, o te quedas en casa, pero vamos a ponernos en el caso que te vas unos  días fuera. Antes se llenaba el coche hasta con la jaula del canario. Ahora, afortunadamente, todo cabe en un pen drive,  las fotos  son on line, las haces y las mandas al instante o las cuelgas en las redes para presumir de dónde andas este verano. Y claro, no hablamos de lo bien que te lo vas a pasar este verano, ni de lo que molas por viajar. Hablamos de unas cositas que llevas en la maleta, o en la mochila, y que tu  pareja también  lleva. Que sois muy de repartir y os repartís todo.

Cuando el relax hace mella en nuestro cuerpo, nos relajamos y como por arte de magia salen a flote los conflictos.  Los antiquisimos, los antiguos y los no tan antiguos. No hay nada que los detenga ni que los pare. Son esos pequeños problemillas que tienen como base la no negociación a tiempo del conflicto. El dejarlo pasar, y tirar para alante. No hablamos de volver al pasado, NO. Se trata de definir cual es el problema. Y para definir un problema hay que:

  1. Darse cuenta que el problema tiene la importancia que tiene.
  2. Definir qué me molesta. Qué conducta hace lo que no me gusta. Sin entrar en descalificaciones. Sólo definir la conducta de una manera objetiva. El  “siempre” o “todo” mejor  fuera del discurso. Suelen ser falsas y terminan por descalificar por generalización a quien las usa.
  3. Tenemos el problema y la conducta, bien. Pues ahora le toca a la situación. Hay que aclarar la situación en la que la conducta origina el problema.
  4. Sigamos resumiendo. Problema, conducta y situación, digamos diagnosticados. Ahora es el turno de las consecuencias que la conducta tiene y los sentimientos asociados que provoca. Sentimientos referentes exclusivamente a la conducta y sus consecuencias. Recuerda sin entrar en descalificaciones.
  5. Es necesario ser breve evitando poner demasiados ejemplos; preguntarse por las causas y emplear los “¿por qué?” que siempre implican un reproche y no llevan a resolver el problema.

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Estos cinco puntos no sirven de nada si no se está de acuerdo en el problema y en la responsabilidad que se tiene sobre él. Tampoco sirven de nada, siquiera de mucho si se tratan varios problemas a la vez.Mejor por orden y de uno en uno.

Así que como lo más importante es definir el problema aquí van unas pautas por las que pasa toda definición de un problema bien diseñado.

  1. Recuerda: de uno en uno. No discutir más de un problema a la vez.
  2. Escuchar a la otra parte sin interrumpir y abriéndote a su discurso. Es lo que se llama escucha activa.
  3. Dejar fuera descalificaciones, prejuicios, ideas propias sobre el origen del conflicto. Es lo que se llama mapa mental.
  4. No querer quedar por encima. Sé neutral y evita la lucha por el poder.

Una vez  llegados a este punto se llega a la fase de solución en la que:

  1. Nos centrarnos en la solución. Se puede usar un brainstorming o tormenta de ideas, evitando volver una y otra vez a lo mismo. Dejar de remover.
  2. Te suena aquello de que para que te quiera alguien debes quererte tú. Pues esto es igual, si quieres que alguien cambie, empieza cambiando tú. Cambio de conducta por los dos lados .Practicar la asertividad. Es la base de un buen acuerdo.
  3. Aquí también sirve el escribir los pros y los contras de la solución a la que se llegue. Y aunque parezca que no, si se deja por escrito el compromiso es mayor a la hora de respetar ese acuerdo.
  4. Al estar escrito, se puede planificar mejor. Se revisan las fases,  se puede incluir alguna modificación si se va viendo que hay algo en lo que cojea…Ajustando que es gerundio.

parejas uno

Si hacemos una foto finish ésta es: Hay que dedicar un tiempo y un espacio concreto para resolver el problema. Tener una actitud concreta: voy a mejorar  la relación. Ser conscientes  que es un problema mutuo que afecta a las dos partes y en el que las dos partes dicen y deciden.

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