No dejes para mañana lo que puedas hablar hoy.

Una vez una corriente de aire jugaba con sus amigos. Estaba el Siroco, había también un Alisios, una Tramontana, las gemelas Levante y Poniente, el matón del grupo que era un Huracán y un montón más. A todas las corrientes, como bien es sabido, les gusta gastar bromas apareciendo en los momentos más inesperados. Aún recuerdan con una carcajada general cuando  las gemelas Levante y Poniente  aparecieron en mitad de un festival donde niños y niñas, todos con el mismo disfraz de nubes, cantaban y bailaban dando gracias al sol por haber aparecido y al calor por haber traído el final de las clases. En mitad de la actuación  las gemelas, una enfrente de la otra como era costumbre en ellas, corrieron a su encuentro creando el caos en el escenario improvisado que habían montado con esmero los niños en mitad del patio de su colegio. Acabaron formando un  montón de cuerpecitos infantiles, disfraces rotos y padres y madres que intentaban rescatarles de la maraña infantil que se había formado. Rieron tanto que formaron una fuerte tromba de agua logrando dispersar a la comitiva escolar que escapaba, esta vez, de la tormenta.

Mientras reían viendo el caos que habían formado, el huracán desde su esquina, no podía dar crédito a lo que veía. Frunció el ceño pero decidió que no comentaría nada. Al fin y al cabo  Levante y Poniente además de gemelas, seguro que  son bipolares, pensaba el huracán. Y así, con su propia sentencia sobre sus amigas, decidió que no comentaría nada temiendo una reacción desmedida de alguna de ellas o de las dos. Pero  mientras pasaba el verano, si no era una era la otra, o las dos a la vez, siempre estaban tramando algo y siempre acababan desesperando a los servicios de meteorología que no atinaban con las tormentas y los fuertes vientos. -Fuertes vientos…, ja!,  para fuerte yo,   pesaba el huracán. Y su malestar iba creciendo en forma de espiral, girando y girando sin querer decir  nada a sus amigas. Y aguantando todas las bromas por robar su protagonismo.

Las crónicas de finales del verano lo reflejaron. El huracán, cansado de ver cómo le robaban el protagonismo, cansado de las mismas cosas decidió que ya no aguantaba más y salió al encuentro de Levante y Poniente, justo cuando estas estaban corriendo la una hacia la otra. Los tres se encontraron en el mismo punto. A penas hubo palabras. Para qué.  Si es empiezo no paro, pensaba el huracán. Si nosotras no somos, pensaban esta vez las hermanas. Y ya nunca más nada se pudo hacer por su reconciliación. Cuenta la leyenda que  a finales del verano,  por el horizonte, el resto del grupo  se junta  escondiéndose detrás de una gota fría, para recordar los buenos momentos  que no volverán por no zanjar a tiempo los pequeños problemas  con una simple conversación.conflicto 2

Este “cuento” tan simple refleja cómo crece un problema, o como nuestros propios prejuicios, nuestras propias creencias erróneas pueden afectarnos. Nuestras ideas erróneas, nuestro mapa mental en definitiva, ese que nos ancla muchas veces en nuestra zona de confort y que nos hace sentirnos con tanta seguridad. Llegan las vacaciones, tenemos que romper con la rutina del día a día, esa misma rutina de la que queremos escapar pero que tan bien nos viene para seguir tirando para adelante por aquello de que el movimiento se demuestra andando.

sssssss

Ponerte frente a la otra persona y hablar y comentar… solucionar en definitiva. Y ojo, que no estamos diciendo que hay que salvar la pareja sí o sí.  Simplemente se trata de buscar una solución. Ahora puede ser un buen momento,  aprovechando que estamos a las puertas del verano, en donde es más probable que pasemos más tiempo con nuestra pareja, con la familia,… pero puede ser en cualquier momento en el que la rutina del día a día  se rompa y veamos nuestra “seguridad” en peligro. La solución es muy sencilla y se puede resumir en una palabra. Procrastinar. Si nos permitís la metáfora, no hay que procrastinar. No dejes para mañana lo que puedas hablar hoy.dddddddd

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